¿Qué ocurrirá con las relaciones personales cuando la cuarentena empiece a ser levantada? El psicoanalista Jorge Bruce afirma que nadie puede decir con certeza qué ocurrirá. Sí se puede adelantar, añade, que habrá secuelas, las cuales tendremos que ir descubriendo poco a poco. “Nada volverá a ser igual que antes”, advierte.

Se dice que las relaciones sociales cambiarán cuando la cuarentena empiece a levantarse y la gente recupere al menos parte de su cotidianidad. ¿Lo ves así?

Sí, todo va a cambiar, aunque no sé con certeza de qué manera esas relaciones se verán afectadas, pero quedarán secuelas hondas que tomará tiempo entender y procesar. Nada volverá a ser igual que antes, de eso estoy persuadido.

¿Qué significa que nada volverá a ser igual? Esa frase se repite mucho ahora, ¿no?

Lo que pasa es que no lo sabes. Eso lo vamos a descubrir cuando la pandemia vaya cediendo. cuando salgamos de este confinamiento. Lo que se puede decir es que todo esto traerá fuertes rezagos de desconfianza, también de alegría y reencuentro, aunque enmarcados por el temor. La emoción más fuerte que estamos experimentando es el miedo y eso no se va a disolver con facilidad, y eso demandará respuestas muy cautelosas.

¿El miedo a enfermarse?

Claro, el miedo al contagio por el COVID-19. Todos estamos sufriendo cambios de manera inadvertida por la tensión en la que estamos sumidos. No sabemos lo que pasa afuera, porque es un virus invisible que, a la vez, puede llegar a ser letal…

Menos letal que otros.

Claro, pero para el cual no hay cura ni vacuna, y eso nos pone en situación de vulnerabilidad. Y de eso, uno no sale indemne, sino que sale con huellas, marcas, lo cual hará que nuestras relaciones sociales pasen por una etapa de reconstrucción. Todo tendrá que ser reconstruido, incluidas las relaciones sociales.

Incluyendo las familiares.

Incluso las familiares, claro que sí. Las familias con buenos vínculos están mejor pertrechadas para una vuelta, no digo a la normalidad, porque nadie sabe qué significa eso ahora, sino para retomar sus relaciones. Esas familias están mejor preparadas que las familias que estaban distanciadas pues la pandemia puede haber ahondado más esa distancia.

¿Qué se puede aprender de la pandemia?

Espero que esta vez sí aprendamos algo de todo esto, porque del terrorismo no aprendimos nada.

¿Aprender qué?

Aprender que dependemos unos de otros y que no está bien pretender vivir nuestras vidas sin preocuparnos de todos los que están en situación de precariedad. Debemos aprender que una sociedad no puede funcionar en ausencia de una sólida imagen compartida de un bien común, que es lo que ha venido ocurriendo en el Perú porque somos una sociedad fragmentada. Independientemente del amor del prójimo, hay que reconocer que la solidaridad es indispensable. Y la precariedad de la salud, que es secular, es la demostración más clara de esta indiferencia, de ese descuido por el bien común.

Del descuido por el otro.

Así es, mientras las cosas no nos afectaban personalmente, las personas con privilegios, que somos las que podemos quedarnos en cuarentena, no nos preocupábamos. Ahora ya entiendes que no es solo necesario protegerse uno, sino que todos debemos estar en buenas condiciones de salud. Hay una secuencia histórica y actual. Estamos confinados porque podemos contagiarnos y no podemos contagiarnos porque la salud es precaria. Hay que aprender que existe una tremenda interdependencia: no es suficiente aislarse en guetos, sino que formamos una red de personas que dependen unas de otras. Y hemos vivido negando eso.

¿Esta cuarentena también nos puede volver más tolerantes?

Una de las cosas que espero suceda es la tolerancia a la frustración. Tolerar la frustración es una característica de todas las sociedades desarrolladas. Quien no lo hace, está condenado a vivir detrás de las gratificaciones inmediatas y eso puede ser fatal para las personas con mayores riesgos. Desde luego, hay personas que ya vivían en situaciones difíciles y precarias. No me refiero a ellas. Estoy pensando en las personas privilegiadas que miraban para otro lado y que pretendían vivir desconociendo lo que ocurría a su alrededor. Tampoco quiero hacerme muchas ilusiones. Freud me enseñó a ser pesimista sobre la condición humana. Pero también veo una gran oportunidad de aprendizaje: o salimos todos juntos o no salimos.

Se ha comentado bastante sobre la importancia del liderazgo del presidente Martín Vizcarra. Yo lo veo ya un poco harto, la verdad. ¿Hasta cuándo puede seguir el apoyo de la gente en una situación como la actual? La paciencia tiene un límite, ¿no?

Durante toda una primera etapa el presidente Vizcarra tomó una decisión muy riesgosa de ser él mismo el vocero, cuando pudo haber distribuido la responsabilidad en otros. Lo hizo bastante bien, pero ahora las cosas se están poniendo más tensas y difíciles porque el sistema de salud pública está colapsando, lo que no es culpa del gobierno. En la medida de que la situación se vuelva cada vez más dura, le será más complicado asumir ese lugar de padre responsable. Cuando las situaciones se vuelven desesperadas, una de las tendencias de las personas es buscar culpables, y como él se encuentra en una situación muy visible, el riesgo es que lo utilicen como chivo expiatorio. Por eso espacia las conferencias, porque ya debe de estar sintiendo el calor, no de afecto popular sino del que te quema. Mientras la cosas se ponen más cuesta arriba su posición se vuelve más desafiante.